sábado, 30 de julio de 2016

El mejor mariachi del mundo y la pérdida del patrimonio musical mexicano.

Estimable radioescucha: efímeras modas musicales vienen y van, cautivando con sus monótonos ritmos y ensordecedoras cadencias a las nuevas generaciones, pero la vibrante música del mariachi moderno, que durante décadas ha sido el símbolo musical de la nación, continúa viva y palpitante en el corazón del noble pueblo mexicano. Uno de los grupos más representativos del mariachi moderno es sin duda el Vargas de Tecalitlán, cuyo origen se remonta al año de 1898. Fundado por Don Gaspar Vargas, el conjunto estuvo conformado en sus humildes comienzos por cuatro modestos músicos, quienes ejecutaban guitarra quinta de golpe, dos violines, y arpa grande, respectivamente. El mariachi tradicional de Gaspar Vargas solía tocar en pueblos cercanos a Tecalitlán, en fiestas patronales y en rancherías, ofreciendo una variada y nutrida dotación de sones antiguos como La Vaquilla, El Riflero, El Cihualteco y El Tranchete. La primera gira importante del grupo fuera de la tierra que los vio crecer fue en Tijuana, Baja California. Más tarde, en 1934, llegaron a la capital del país, ya integrado por 8 elementos, sin sospechar que en menos de una década se convertirían en el grupo más representativo no sólo de la Ciudad de México sino del país entero. La lenta consolidación del Mariachi Vargas dentro de la gran urbe fue posible gracias a su participación en programas de radio, en películas de la era dorada del cine mexicano y a la grabación de discos a 78 revoluciones por minuto. Su debut en la pantalla de plata ocurrió en 1937, durante el rodaje de la película "Así Es Mi Tierra", Otro aspecto relevante fue la inclusión de un trompetista como parte del grupo, en noviembre de 1940. Aunque éste instrumento de aliento al principio no fue muy bien recibido por el público, con el paso del tiempo fue ganando terreno, siendo el notable músico Miguel Martínez quien destacó como un virtuoso del "pistón" dentro del Mariachi Vargas. En 1944 se incorporó al grupo Rubén Fuentes, quién creo hábiles arreglos para los sones que el conjunto interpretaba y alentó a sus compañeros a estudiar música y aprender a tocar con base en partituras. De este modo, siguiendo el camino que ya antes había trazado el maestro Manuel Esperón, el sonido del mariachi fue adaptado con éxito sin precedentes al ambiente urbano en el cual el grupo se desenvolvió. Conforme transcurrieron los bélicos años 40s del siglo XX, el Mariachi Vargas adquirió fama y prestigio, colocándose por méritos propios como el conjunto mariachero más popular de la época. Acompañaron en giras internacionales, en programas de radio y en inolvidables escenas de cine mexicano, a los más grandes artistas de la época como Lucha Reyes, Jorge Negrete, Pedro Infante, Lola Beltrán, Pedro Vargas, Miguel Aceves Mejía y muchos otros más. Posteriormente emprendieron giras exitosas por varios países de Europa y Asia, obteniendo triunfos particularmente notables en naciones distantes como Japón. En 1958, ya con una dotación de dos trompetas, lanzaron un álbum de larga duración que con el paso de los años se convirtió en el más emblemático del conjunto, conformado por alegres sones jaliscienses como Camino Real De Colima, El Gavilancillo, El Maracumbé, Los Arrieros y El Perico Loro, entre otros. Sin faltar, por supuesto el son de La Negra, himno no oficial mexicano, cuya versión ha sido aclamada durante décadas como la definitiva, por el vigor, el carácter bravío y la dinámica energía plasmada durante la grabación, que pocos conjuntos han podido al menos igualar. El disco elepé grabado en majestuoso sonido monofónico y llamado con justificada razón, no exenta de petulante arrogancia, "El Mejor Mariachi Del Mundo" (RCA Victor MKL 1156), catapultó la música del mariachi moderno a la conquista del mundo entero. Aunque posteriormente vendrían más victorias, el álbum publicado por "la marca del perrito", significó un antes y un después, un fidedigno punto de referencia ante el cual se habría de medir a los conjuntos mariachísticos posteriores. Es una lástima que décadas más tarde, los miopes ejecutivos del sello disquero RCA, hayan agregado eco y reverberación a la grabación original, arropándola con una personalidad sonora tan arrogante como el título del álbum, y mermando el carácter natural y espontáneo de la música. Lamentablemente, el fonograma en asunto también describe una de las historias más oscuras y controvertidas en la historia de la música popular mexicana: representando la pérdida del patrimonio musical de México a manos de una monopólica empresa extranjera de gran poder económico.


¿Una canción termina por ser de quién la interpreta por encima de quién la compone? Esta pregunta y la búsqueda de una respuesta debió corroer por mucho tiempo a Silvestre Vargas, quien tal vez en su interior libró una larga batalla consigo mismo, tratando de hallar una respuesta a tan apremiante incógnita. Quizá por las noches se recostaba solitario en la cama de su dormitorio, sin lograr conciliar el sueño, intentando apaciguar su conciencia, preguntándose si era correcto adueñarse a la brava de una composición que era producto de años de evolución y tradición musical, cuya estructura se debía a la continua contribución de diferentes músicos anónimos a lo largo de los años, y no a la intervención de un sólo individuo o dueto oportunista en particular. Durante los años de lucha tratando de abrirse paso primero en la capital y luego en todo el país, la interpretación de alegres sones abajeños había sido la carta de presentación más eficaz no sólo del Mariachi Vargas, sino de todos los grupos mariacheros que llegaron a la Ciudad de México antes que ellos. La ejecución de alegres sones abajeños como La Negraen ferias, bailes, teatros y programas de radio, les había significado grandes triunfos y alabanzas. El Mariachi Vargas no era el único conjunto que interpretaba ese son tradicional: el Mariachi Tapatío de José Marmolejo y el Mariachi Pulido también la tocaban, imprimiéndole cada uno su estilo distintivo. Sin embargo, tantas veces le habían dicho a Silvestre Vargas que ese son era el sello de marca de su mariachi, su pieza más representativa, la que los distinguía de los demás grupos mariachisticos, que lentamente se convenció de que así era y sintió que él merecía una recompensa por la popularidad que el son estaba ganando. Desde finales de los años 30s del siglo XX ya otros compositores mexicanos como Lorenzo Barcelata se estaban apropiando discreta pero indebidamente de algunas melodías tradicionales mexicanas. Sin empacho, Ignacio Fernández Esperón "Tata Nacho", también hacia lo propio y ya le había puesto el ojo al son de La Negra, con intención de anotarla a su creciente cuenta. De acuerdo al testimonio de Miguel Martínez en su libro intitulado "Mi vida, mis viajes, mis vivencias", publicado en el año 2012 por Conaculta, el connotado director de orquesta estaba amagando con adjudicarse la autoría de dicho son abajeño porque era una pieza que le llegaba hasta el alma, que le gustaba mucho. Tata Nacho en los años 40 del siglo XX era un compositor de prestigio y con influencias, que ayudó a fundar la SACM, sociedad en aquel entonces recién creada, que sin duda podría facilitarle el camino para adjudicarse la anhelada pieza. Por su lado, Gaspar Vargas apuraba a su hijo para que ya no lo pensara tanto. Silvestre Vargas decidió mejor poner manos a la obra, y aunque ya para 1941 exigía que en los créditos de los discos apareciera su nombre como autor del son, fue hasta 1949 cuando legalmente logró adjudicarse junto a Rubén Fuentes la autoría de esa hermosa composición tradicional mexicana, en complicidad con la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM), para beneplácito de PHAM (Promotora Hispanoamericana de Música), editora de música bajo la cual la canción quedó registrada. A Vargas finalmente le ganó la ambición, por lo que más tarde, ya conocido el camino, hizo arreglos para apropiarse junto a Rubén Fuentes de otras piezas tradicionales como Las Alazanas, El Carretero, El Pasajero, El Toro Viejo, Camino Real de Colima, El Cuervo, Las Olas y varias más.


Aunque aun en nuestros días siguen circulando textos y videos que pretenden revelar o dar a conocer al "verdadero" autor de La Negra, en la práctica, Rubén Fuentes y los herederos de Silvestre Vargas son quienes reciben regalías por conceptos de derechos de autor. Todas las grabaciones o versiones de la pieza musical, plasmadas en discos o incluidas como banda sonora en películas, por ley deben especificar que los autores de la pieza son ambos músicos La editora de la canción es la ya mencionada compañía editora PHAM, que alguna vez fue propiedad del sello discográfico EMI, pero que hoy en día pertenece a Sony Music Entertainment, Por lo tanto, como desastroso efecto colateral, el beneficio económico por la popularidad de tan bella pieza tradicional mexicana también lo recibe una monopólica empresa extranjera, ajena a las tradiciones musicales de México. Antes de 1949, el son de La Negra era una pieza del dominio público y cualquier músico era libre de enriquecerla, creando un nuevo arreglo o inclusive componiendo un nuevo son a partir de ella, sin que nadie pudiera impedirlo u objetarlo. Es así como evoluciona la música a lo largo de los años y por eso el dominio público es saludable. Pero cuando una canción tradicional es secuestrada, pasando del dominio público a ser registrada a nombre de un autor especifico, el panorama cambia completamente y quien toque la pieza en un teatro, restaurante, estación de radio, foro de televisión, etcétera, debe pagar regalías al autor y a la compañía editora, pues así lo establece la ley. Una ley por cierto, moldeada caprichosamente para beneficio de los productores de fonogramas, de los magnates de la industria discográfica. Y más aun, quien desee editar la tonada, añadirle o quitarle fragmentos, deberá pedir permiso primero al autor y a la editora de música, con la cartera lista para desembolsar una generosa suma de dinero. Si a los dueños de la propiedad intelectual no les agrada el nuevo arreglo musical o la nueva versión de la pieza, están en libertad de impedir su publicación. En ese contexto, ya no cualquiera puede contribuir a enriquecer o aportar elementos musicales a esa canción, por lo que su sana evolución natural queda interrumpida. Vargas y Fuentes crearon hábiles arreglos para el son de La Negra pero luego de efectuar su contribución, en vez de dejar que más tarde otros autores realizaran aportaciones, decidieron cerrar la puerta tras de sí. Es cierto que el dúo mencionado no acumuló una gran fortuna tras apoderarse de varios sones abajeños que eran del dominio público, pues en estos casos quien obtiene el mayor beneficio es la editora musical y la casa grabadora. Ambas suelen celebrar contratos desventajosos para los compositores, asignándoles porcentajes de ganancia irrisorios. Es así como sólo unos cuantos se enriquecen en el negocio de la industria musical, mientras otros suelen pasar penurias. Con tales artimañas aplicadas a artistas de todo el mundo, no es de extrañar que con el paso de los años, Sony Music haya acumulado ganancias enormes que le permitieron absorber a varias casas disqueras y a editoras de música, creciendo sigilosamente pero a paso firme, adquiriendo cada vez más poder e influencia, adueñándose de un inmenso e importante catálogo de grabaciones hechas por artistas de todo el mundo, incluyendo las de laureados artistas mexicanos. 


La Ley Federal de Derechos De Autor actualmente otorga más derechos que nunca a los productores de fonogramas y Sony Music ha aprovechado tal coyuntura, imponiendo a las emisoras de radio independientes exorbitantes precios por derechos de transmisión de piezas como el son de La Negra. La mencionada empresa también recauda generosas sumas exigiendo importantes cuotas monetarias a empresas como Spotify, Pandora, Google Music, Apple y otras, por concepto de incluir cualquiera de las canciones tradicionales mexicanas que Vargas, Fuentes y otras personas se hayan adjudicado, dentro de su catálogo de música en línea. Y el control de la monopólica empresa no para ahí, sino que tiene alcance internacional. Si una banda de música es designada para viajar a otro país y representar a México en un festival, y ese grupo elige ensamblar un popurri de sones abajeños registrados a nombre de Vargas y Fuentes, pronto Sony Music estirará su largo brazo reclamando pago de regalías por derecho de ejecución pública. Y si el evento es transmitido por televisión, también hay que desembolsar otro tanto a favor de la insaciable compañía discográfica. Si usted quiere incluir el el son de La Negra o algún otro son adjudicado a Vargas y Fuentes, como banda sonora en un video, en una película, o como música de fondo en un restaurante o negocio, debería pensarlo primero ya que por ley deberá pagar derechos de ejecución pública, y ese dinero irá a parar indudablemente a los bolsillos de Sony Music. En un inicio la vigencia de los derechos de propiedad intelectual correspondientes a composiciones musicales era de 14 años, pero con el paso del tiempo, los dueños de las más poderosas empresas e industrias han realizado hábiles labores de cabildeo que han rendido frutos, doblegando a legisladores con el objetivo de deformar las leyes a su favor, permitiendo que tal vigencia haya quedado extendida a 96 años. De esta forma, y regresando al ejemplo del aclamado son de La Negra, cuando Rubén Fuentes o sus herederos ya no este ahí para cobrar su parte, la empresa Sony Music seguirá teniendo el control y será dueña absoluta de los sones abajeños que alguna vez el mencionado dueto decidió adjudicarse. Es así como al final, prácticamente sin darnos cuenta, o dejando que sucediera con pasiva resignación, nuestra amada música tradicional mexicana ya no es tan nuestra como ingenuamente pensábamos. Aunque en el alma y en el corazón sentimos orgullo al escuchar en México o en el extranjero los hermosos sones abajeños del álbum "El Mejor Mariachi Del Mundo" (RCA Victor MKL 1156), la ley dice que la explotación comercial de esas melodías pertenece hoy en día a una monopólica compañía extranjera. Algo debería ser hecho al respecto. Todas aquellas composiciones tradicionales mexicanas que antes eran del dominio público y que injustificadamente fueron adjudicadas a "pretendidos" autores en el siglo XX, ya no enriquecen el patrimonio cultural de México, sino las arcas de ambiciosas empresas extranjeras, porque en este mundo material el beneficio económico no lo recibe quien tiene la idea, sino quien se apodera de la propiedad intelectual de la misma. Muchas gracias por escuchar música tradicional mexicana en Radio Quelite. ¡Nos leemos en la próxima!

Copyright © Andrés Lang

Ficha técnica del disco "El Mejor Mariachi Del Mundo"
Portada del disco MKL-1156
Contraportada del disco MKL-1156
Título del disco: El Mejor Mariachi Del Mundo
Artista: Mariachi Vargas De Tecalitlán
Formato: Disco de larga duración 33 1/3 rpm
Duración del disco: 34 min
Fecha de lanzamiento: 1958
País: México
Productor: No consta en los créditos
Sello disquero: RCA Victor (MKL-1156)
Género: Folclor
Estilo: Ranchera mexicana, sones abajeños, música tradicional mexicana
Posición en lista de éxitos: N/A
Canciones del disco
# Título de la canción Autor Intérprete Duración
1A La Negra S. Vargas-R. Fuentes Mariachi Vargas De Tecalitlán 2:41
2A El Carretero S. Vargas-R. Fuentes Mariachi Vargas De Tecalitlán 2:06
3A Camino Real De Colima S. Vargas-R. Fuentes Mariachi Vargas De Tecalitlán 2:29
4A El Triste Arr. S. Vargas-R. Fuentes Mariachi Vargas De Tecalitlán 3:15
5A El Becerro S. Vargas-R. Fuentes Mariachi Vargas De Tecalitlán 3:08
6A El Son Del Gavilancillo R. Fuentes-S. Vargas Mariachi Vargas De Tecalitlán 2:29
1B Las Olas Arr. S. Vargas-R. Fuentes Mariachi Vargas De Tecalitlán 3:11
2B La Culebra Tata Nacho Mariachi Vargas De Tecalitlán 2:45
3B El Maracumbé S. Vargas-R. Fuentes Mariachi Vargas De Tecalitlán 2:17
4B El Perico Loro Silvestre Vargas Mariachi Vargas De Tecalitlán 2:26
5B El Tirador S. Vargas-R. Fuentes Mariachi Vargas De Tecalitlán 3:06
6B Los Arrieros D.P. Mariachi Vargas De Tecalitlán 4:35
Artistas participantes.
Mariachi Vargas De Tecalitlán
Trompeta primera: Miguel Martínez Dominguez.
En el libro intitulado "El Son Mariachero de La Negra", escrito por Jesús Jáuregui y publicado en el año 2012 por Conaculta, se cita una entrevista hecha al músico Miguel Martínez, quien declara que la trompeta segunda en ese tiempo estuvo a cargo de Cipriano Silva Ramírez, originario de Pinotepa Nacional.

Créditos del disco.
Dirección musical: Rubén Fuentes
Ingenieros de grabación: No consta en los créditos del disco.
Foto portada: No consta en los créditos del disco


0 comentarios:

Publicar un comentario