lunes, 24 de diciembre de 2012

Anécdota de Chavela Vargas, José Alfredo Jiménez y el caballo blanco

Anécdota de Chavela Vargas, José Alfredo Jiménez y el caballo blanco
Estimada(o) radioescucha: escucha a Chavela Vargas y las canciones de José Alfredo Jiménez en Radio Quelite, la voz musical de México. El Caballo Blanco o Corrido del Caballo Blanco como muchos la conocen, es una pieza musical que a pesar del tiempo transcurrido desde su creación, goza de gran popularidad en México y varias partes del mundo. Se trata de un tema escrito en 1960 por el siempre recordado cantautor José Alfredo Jiménez . En el libro "Y sigo siendo El Rey",escrito por Jesús Flores Y Escalante y Pablo Dueñas, ambos autores describen como fue concebida en realidad la canción que en nuestros días se encuentra en camino de abandonar el plano de la música popular para convertirse en un tema tradicional puramente mexicano. La pieza surgió tras una accidentada gira que José Alfredo y una caravana artistica emprendieron por el occidente y noroeste del país al inicio de la década maravillosa. Tras una mala planeación y administración económica, en Jalisco fueron abandonados a su suerte por el empresario Miguel Alderete. El laureado compositor de "Si nos dejan" decidió tomar entonces las riendas de la gira, empeñando su automóvil blanco, marca Chysler Imperial, modelo New Yorker 1957, y con el dinero obtenido pagó el hospedaje y alimentación de la gente involucrada en la gira. Partieron entonces rumbo al Valle del Yaqui en donde gracias a sus esforzadas actuaciones reunieron dinero suficiente para rescatar el automóvil blanco. José Álfredo encomendó a Benjamín Rábago Lozano regresar a Guadalajara para traer de vuelta el vehículo. Ya con el auto recuperado la caravana prosiguió sus actuaciones en el norte del país, no sin antes sufrir algunos incidentes en el trayecto. Por ejemplo, en Los Mochis, Sinaloa al carro se le picó el radiador, y en el Valle Del Yaqui se reventó una llanta. Llegaron después a Ensenada, Baja California y tras varias peripecias volvieron todos a la Ciudad de México. La composición resultante en realidad está inspirada en los incidentes con el automóvil blanco de José Alfredo, y la grabación tuvo tal éxito en todo el país que hasta una película fue filmada al año siguiente, titulada El Caballo Blanco, dirigida por Rafael Baledón y protagonizada por Joselito y Antonio Aguilar.

Al parecer Chavela Vargas formaba parte de aquella caravana artística pues a su manera narra la historia del Caballo Blanco en el libro titulado "Las verdades de Chavela". Obra literaria escrita en colaboración con María Cortina y Ana Paula Meza, publicada por editorial Océano en el año 2009.

Chavela Vargas con Tomás Méndez y José Alfredo Jiménez en el cabaret El Safari.

Chavela Vargas, se subió varias veces al caballo blanco de José Alfredo Jiménez. Aquel caballo que un día domingo salió de Guadalajara. Y al que José Alfredo Jiménez le escribió un corrido.

-El caballo blanco era, en realidad, su coche. Un día me dice:"Chavela vámonos en mi caballo blanco por Insurgentes". Y yo pensando: "¡Pero, qué absurdo!, un caballo blanco en la avenida más grande de la ciudad". Era absurdo. "¿Dónde está?¿Cómo de que un caballo por Insurgentes?, nos vamos a matar", le dije. Se resbala el caballo y se mata uno. Pero no era un animal, era su Ford blanco, un modelo que estaba muy de moda en ese entonces y al que traía todo desecho. Un día, salimos de Guadalajara hacia Tijuana en el caballo blanco y al primer choque él escribe que su caballo "llevaba todo el hocico sangrando". Y cuando se nos poncha una llanta es cuando en el corrido dice "que cojeaba de la pata izquierda". Pobre caballo, lo que tuvo que aguantar de esos borrachones que éramos.

Los amigos me decían que me habían visto empujando el caballo blanco y era que cada vez que se paraba el coche de José Alfredo, yo lo tenía que empujar. ¡Era un desastre! pero nos divertíamos. Toda la gente se nos quedaba viendo, los madrugadores que iban ya a trabajar, viéndonos a nosotros que apenas veníamos, todo al revés.

Montados en el caballo blanco también llegaban y salían del Tenampa, en la Plaza Garibaldi, José Alfredo, Chavela y quienes se unieran al grupo cuando salían del sitio donde trabajaban. El Tenampa, la cantina consentida de la bohemia del México de los cincuenta y sesenta, no sólo por el ambiente y los mariachis, sino también, y sobre todo, porque no cerraba nunca. O al menos ellos no lo permitían.

-Era nuestra casa, no teníamos otra. Íbamos casi todos los días. Éramos tequileros, desde que llegábamos empezábamos tequileando. Nunca sabíamos la hora en que salíamos ni el porqué; no nos acordábamos de dónde veníamos ni a dónde íbamos. Me acuerdo que, una vez, entramos el viernes y salimos la madrugada del lunes. el dueño estaba vuelto loco. Un día, muchos años después de nuestras juergas, me lo encontré por la calle y casi no lo reconocí. Yo creo que me vio la cara de extrañada y me dijo: "¡Mire nada más como he quedado!", yo le dije: "Pues es la edad que no perdona". "¡Qué edad ni qué nada!, estoy así de acabado por todas las noches que no dormí, porque ustedes no salían del Tenampa", me reclamó.

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